La Wi-Fi, entre celebraciones y angustias

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Por Calle 23 se pueden ver grupos de jóvenes conectados en los puntos de Wi-Fi (foto del autor)

LA HABANA, Cuba – El servicio de Wi-Fi, distribuido en pequeñas y limitadas redes por la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (ETECSA), es considerado por muchos cubanos como una de las tantas válvulas de escape abiertas por el gobierno para hacer catarsis y aliviar un poco el estado de opinión que alimenta la decepción y el agobio.

En todos los horarios del día se puede observar a decenas de personas, en su mayoría jóvenes, reunidos –muchas veces comprimidos– alrededor de una señal, de pocos metros de alcance, para conectarse a la red de redes y disfrutar de “un poco de libertad”, como afirman algunos de los usuarios.

Pero aunque la Wi-Fi se va extendiendo por toda la Isla y algunos se benefician con ella, la creación de estos espacios también pone al descubierto el elevado por ciento de ciudadanos cubanos que no dispone de equipos y medios económicos para acceder a ese servicio, además del disgusto de otros sectores de la población que consideran que el gobierno debería ocuparse de aliviar otras necesidades que demandan alivios urgentes.

Vilma Cáceres, una joven estudiante de 21 años que ha preferido no identificar la carrera universitaria que cursa, por considerarla “sensible” y temer ser expulsada a causa de sus opiniones, declaró que “ahora parece que lo único que importa es la Wi-Fi, mientras los viejos problemas sociales y económicos del país se agudizan sin que se vislumbre una mejoría”.

“Yo tengo compañeras de estudio que viven en condiciones casi infrahumanas” continúa la joven estudiante, y detalla: “en casas de madera, apuntaladas, que cuando llueve se mojan más adentro que afuera, haciendo sus necesidades fisiológicas en sanitarios improvisados. Muchas de ellas, comparten una habitación con dos y hasta cuatro personas, y en su mayoría dependen del salario de sus padres, o de uno de ellos”.

Otra estudiante de 24 años que se identificó como Mimí declaró: “Mira, todo eso de poder acceder a la tecnología está muy bien. ¿La Wi-Fi? ¡Qué bueno! ¿Internet? ¡Perfecto! Pero, ¿tú sabes cuántos cubanos tienen computadoras, tablets y teléfonos móviles inteligentes? Yo no puedo hablar de estadísticas, porque en Cuba es imposible acceder a datos reales; pero yo soy joven y me relaciono con cientos de personas, y te puedo decir que en este país existe un número increíble de personas que nunca han visto una computadora de cerca, y cuando sueñan no lo hacen con teléfonos móviles, sino con poder comer todos los días y ponerse una ropa decente o tener una vivienda”.

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En la esquina de 23 y M, esta es una escena común (foto del autor)

Un grupo de estudiantes, alentados por la promesa de que sus identidades no serían reveladas, aceptaron ofrecer sus testimonios. Algunos de ellos consideraron el criterio de sus compañeras como “un poco populistas” y se pronunciaron a favor de “cualquier posibilidad que nos conecte con el mundo libre”.

Miguel, un joven universitario de 21 años que en su tiempo libre “cacharrea” (repara) computadoras, expresó que “es cierto que Cuba está hundida en el subdesarrollo, que somos analfabetos funcionales, que la corrupción y la indiferencia estatal nos ha convertido en una aldea primitiva. Todos sufrimos el deterioro de las calles, las viviendas, del servicio médico y de enseñanza. ¡Los problemas son incontables! Pero yo no puedo resolverlos. Mi ídolo es Bill Gates, no Robin Hood”.

“Yo coincido con Miguel”, afirma Ronald, otro estudiante de 23 años. “En mi tiempo libre, trabajo en un taller particular que tiene mi padrastro, arreglando motos para buscarme algunos pesitos, y con lo que gano compro algunas horas de Internet y así me escapo de esta isla-jaula. Es que cada quien tiene que buscar su propio camino y luchar por la solución de sus necesidades. Todos somos víctimas de los problemas sociales, solo que algunos son víctimas mortales, y eso pasa en cualquier sociedad”.

Otras opiniones, recogidas entre trabajadores estatales y privados, amas de casa y jubilados, aunque apuntaban en direcciones más o menos polémicas, la mayoría coincide en que el acceso a internet “por la vía que sea, es una grieta por donde vamos quebrando la censura, ganando más libertad de información. Cada vez es más difícil engañar a la población o maltratarla con impunidad”.

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