Internet en dosis homeopáticas

LA HABANA, Cuba.- Una nueva rebaja a la tarifa de navegación internacional fue anunciada ayer por ETECSA, monopolio de la telecomunicaciones en Cuba. El precio por 60 minutos de acceso a Internet es ahora de 1 CUC, reajuste previsto en un programa de informatización de la sociedad que avanza lentamente, conforme a la conveniencia del gobierno cubano.

A cuentagotas se ha implementado en la Isla un servicio que ha redefinido las relaciones humanas a escala global. Primero fue la habilitación de zonas wi-fi; luego el primer abaratamiento del costo de navegación que antes valía 2 CUC (50 pesos cubanos) y, más recientemente, el experimento de poner Internet en los hogares, con ofertas cuyo precio varía según la velocidad, pero todas caras si se considera el limitado poder adquisitivo de la mayoría de los cubanos.

Cada cambio promovido por ETECSA opera como un espejismo que hace creer a los nacionales que están más cerca de una conectividad relativamente normal. Sin embargo, el ansiado acceso a Internet se ha convertido en uno de esos bienes escurridizos que las personas persiguen todo el tiempo, en los contenes de las aceras, en el banco de un parque, o desde un balcón afortunado.

La media salarial en Cuba es de aproximadamente 25 CUC, de modo que la nueva tarifa no supone una diferencia importante, aunque los usuarios la agradecen teniendo en cuenta que la velocidad de la conexión es de regular a mala, con tendencia a empeorar en algunos puntos de la capital. Sobre este particular, y el hecho de que cuando aumenta el número de usuarios la conexión prácticamente colapsa, ETECSA no explica nada.

De poco sirve reducir el costo en 50 centavos si cuando la persona trata de conectarse consume 10 o 15 minutos, solo tratando de acceder al portal Nauta. El equipo de CubaNet conversó con algunos usuarios en diversas zonas wi-fi habaneras y casi todos coinciden en que el servicio es lento y de mala calidad. En áreas de El Vedado la señal mejora considerablemente; pero en Centro Habana, por ejemplo, es muy inestable aunque haya pocas personas conectadas.

Otro problema que afecta a los consumidores es la compra de tarjetas Nauta para navegar en Internet. Quienes no pueden pagarla a sobreprecio deben hacer cola para adquirirlas en los telepuntos plagados de revendedores, que las acaparan con el fin de comercializarlas por el doble de su precio.

Las quejas por el deficitario servicio de ETECSA no abundan, pues los usuarios no creen que haya repercusiones, y también debido a que la compañía no oculta que la instalación de la red de redes ha sido, desde el principio, un experimento que la gente debe pagar como si se tratara de una prestación óptima.

Una vez concluida la prueba piloto que llevó Internet a dos consejos populares del municipio Habana Vieja, los vecinos que decidieron contratar el servicio encontraron que persistían los mismos problemas de estabilidad y velocidad de la conexión. La única explicación es que ETECSA ha ido experimentando sobre la marcha, mientras los usuarios pagan de su bolsillo las tarifas estipuladas.

Todo servicio que en algo se ajuste a las ínfimas cifras salariales de Cuba, puede asumirse como un beneficio social. Pero no hay que celebrar centavos más o menos si el inconveniente continúa siendo la pésima calidad que compromete el tiempo y los dineros del pueblo.

El plan de informatización de ETECSA altera, por sus limitaciones, la inserción normal de los cubanos en una nueva dimensión comunicacional, un acceso que se revela fundamental para la educación, la cultura, la ciencia. La demora en la apertura de un servicio cotidiano y necesario a nivel mundial, está más relacionada con la obsesión controladora del gobierno y su temor a una población informada, que al trillado argumento de la falta de recursos e infraestructura.

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