“Es como si no quisieran que las personas se conectaran”

Una noche en la que el público se congrega en un rincón de la Terminal I del aeropuerto de La Habana, para acceder al WiFi

Una noche cualquiera, en la que el público se congrega en un rincón de la Terminal I del aeropuerto de La Habana, para acceder al WiFi (foto del autor)

LA HABANA, Cuba – El nuevo servicio Wi-Fi de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) para conectarse a internet se hace cada vez más popular, funcionando desde julio de este año. El precio sigue siendo dos dólares la hora, sin embargo el número de usuarios ha aumentado. Las colas en los telepuntos de ETECSA no cesan, ya sea para solicitar el servicio de internet, como para correo nauta.

Según un artículo publicado el 21 de agosto de 2014 en el sitio cuba.cu, el año pasado se incrementaron los usuarios de internet en unos 125 mil, se espera que la cifra crezca mucho más este año.

A pesar de que esta conexión a internet tiene restricciones, los cubanos han encontrado la forma para hacer teleconferencia. Una aplicación llamada IMO, para este propósito, se ha vuelto viral. La mayoría no tiene tanto interés en navegar, como en comunicarse con familiares en el extranjero.

Cubanet visitó varias zonas de navegación en La Habana para recoger opiniones. Lugares donde hay habilitado Wi-Fi, pero de los que no se ha informado de manera oficial. Tal es el caso de las terminales uno y tres del aeropuerto José Martí, así como el complejo expositivo conocido como Expocuba, todos en las afueras de la ciudad.

La terminal uno, de vuelos nacionales, queda a medio kilómetro de la avenida Boyeros. Se puede llegar a pie sin problemas, pero la terminal tres de vuelos internacionales queda a poco más tres kilómetros de la avenida. Para llegar solo existe una opción: un ómnibus que pasa cada dos horas. Los “boteros” aprovechan para cobrar a dólar el pasaje. A muchos de los que vienen a conectarse no les queda otra que caminar el tramo para poder llegar.

Familia sentada en el suelo, mientras utiliza el WiFi (foto del autor)

Familia sentada en el suelo, mientras utiliza el WiFi (foto del autor)

Tania Rodríguez, quien vive en Boyeros, cuenta sobre la conexión en el aeropuerto: “Tengo que gastar mucho para conectarme en La Habana, en transporte y en la conexión misma. La primera vez que me conecté fui hasta allá, pero cuando me enteré que en el aeropuerto había Wi-Fi empecé a ir a la terminal I, me queda más cerca, pero la pusieron difícil. El enrutador está en la zona VIP, adonde el pueblo no tiene acceso. Fuera del local llega la señal pero con poca fuerza. Hay que salir del aeropuerto, y por la parte de afuera sentarse en la calle, o quedarse parado para navegar. Fui un par de veces y todo bien. Cuando fui la tercera vez me sorprendí de ver un tumulto de gente navegando. La noticia había corrido de boca en boca entre los vecinos de la zona”.

Tania continúa su relato: “Dentro del gentío salió un muchacho y me dijo: ¿Te interesa comprar tarjeta de navegación? Vendía la hora a 3 dólares. Había otro dando vueltas para ayudar a los que no se podían conectar, cobraba un dólar por auxiliar a los que no saben conectarse, la gran mayoría.”

Sobre el estado actual de la conexión en la terminal uno, comentó también que “hace 15 días no hay conexión, nadie ha dado una explicación al respecto. La gente está yendo para la terminal tres, pero la conexión es intermitente. A veces me doy el viaje solo para encontrar que no hay servicio. Mi interés es hablar con mi madre que está en Estados Unidos”.

En Expocuba los tomacorrientes del área WiFi están tapados (foto del autor)

En Expocuba los tomacorrientes del área WiFi están tapados (foto del autor)

Por otro lado en Expocuba se halla el mayor centro de exhibiciones del país. Es donde se celebrant varias ferias internacional todos los años; también allí habilitaron una zona Wi-Fi de la ETECSA. A pesar de que no se ha anunciado por ningún medio de comunicación, hay muchos que van allí tan solo para hablar con sus familiares, que viven fuera de la isla.

Leidy Díaz se encontraba en el lugar para hablar con su hijo en el extranjero, y declaró para este reportaje: “Yo no entiendo de cosas de tecnología. Siempre tengo que pedirle o pagarle a alguien para que me asesore, pero esta es la forma más barata para comunicarme. Una llamada por la vía normal cuesta más de un dólar el minuto.”

Al preguntarle cómo y en qué condiciones navega, responde: “No hay dónde sentarse. La última vez que vine terminé con dolor en la columna. Dentro del pabellón de comunicaciones taparon todos los tomacorrientes para que las personas no puedan conectar laptops o celulares. Sin dar explicaciones. Es como si no quisieran que las personas se conecten, pero mientras pueda hablar con mi hijo no me preocupa lo que tenga que pasar, es una maravilla poder hablar cara a cara con él”.

La comodidad para navegar es prácticamente nula. Los usuarios permanecen a la intemperie, muchas veces sin encontrar siquiera dónde sentarse. Las cafeterías que quedan cerca de los lugares habilitados con Wi-Fi son muy caras.

(foto del autor)

Los puntos de WiFi también lo son de encuentro entre amigos y familias (foto del autor)

Ya hacia el área metropolitana, en el vedado, Alfonso García, quien se había conectado desde la cafetería del Hotel Habana Libre con su laptop, estaba decepcionado. “Entré en la cafetería del Hotel adonde llega la señal Wi-Fi de ETECSA. Allí hay aire acondicionado y estaba cómodamente sentado. Conecté mi laptop, pedí un café y me puse a navegar. Este tema de los cubanos entrando en los hoteles todavía es complicado. Te sientes como si estuvieras haciendo algo ilegal, pero me atreví. Al rato, se acercó un trabajador del lugar y me dijo que le mostrara mi ticket de navegación del hotel (internet para los huéspedes). Yo le dije que estaba conectado a la Wi-Fi de ETECSA”, cuenta Alfonso.

“Entonces no puede estar aquí, tiene que irse”, agrega que así le dijo a Alfonso el dependiente de la cafetería, sin dejar al cliente ni terminar la frase.

Debatí unos minutos en cuanto a mi derecho de estar allí, pero no llegamos a nada. Decidí irme y le pedí un segundo para cerrar los programas que tenía abierto. “¿Tú no entiendes? tienes que irte ya”, respondió enojado el camarero. “Navegar se convierte en una odisea: primero hacer la cola para recargar el saldo de internet o pagar tarjetas a sobreprecio, viajar hasta La Habana, que es donde hay Wi-Fi, y después soportar el maltrato de ser discriminado en tu propio país”, añadió.

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