El miedo, la estrategia del régimen para silenciar a Yankiel Gutiérrez

(Foto: Collage)

LA HABANA, Cuba. – “Al principio sentí mucho, mucho miedo porque me dijeron que podía ir encarcelado de tres a cuatro años”, así cuenta Yankiel Gutiérrez su reacción a las amenazas que le hiciera la Seguridad del Estado por haber exigido en las redes sociales que bajaran los precios de Internet.

“Tenía delirios de persecución, cuando iba al pueblo más cercano en bicicleta pensaba que tenía a alguien detrás de mí todo el tiempo”, agrega el joven de 20 años, natural de Rosalía, una de las comunidades de Camajuaní, en el consejo popular Taguayabón, provincia de Villa Clara.

¿Quién pudo haber denunciado a Yankiel en medio de los 23 mil participantes en el tuitazo convocado entre el 30 de mayo y el 1 de junio?

“La verdad es que no sé quién pudo haberme denunciado”. El joven reconoce que toda esta situación lo ha sorprendido con mucha presión familiar. Sus padres y unos amigos le prestaron el dinero para pagar la multa de 3 000 pesos que le fue impuesta cuando le aplicaron el artículo 68, inciso i) del Decreto-Ley 370.

“Nosotros somos una familia humilde”, insiste.

La interrogante sobre la denuncia a Yankiel no tiene respuesta. O sí: ETECSA, sus funcionarios y la Seguridad del Estado han decidido empezar a escoger a sus víctimas para dar lecciones de escarmiento en las redes. Un muchacho de 20 años con apenas experiencia en oponerse a lo mal hecho y con una familia revolucionaria que vive en un pueblo perdido de la geografía cubana parece ser un buen perfil para intimidar.

“El día 3 de junio vinieron a mi casa un oficial de la seguridad, un policía y el jefe de sector. Le pidieron a mi mamá el teléfono y ella se lo entregó. Estaba encima de la cama”.

La reacción es, probablemente, la que hubiese tenido cualquier otra madre en esas circunstancias. Entonces, el paso siguiente para implantar el terror en la familia estaba garantizado.

“Me comunicaron que iba a ser detenido, que me echara en una mochila ropa, el cepillo, la chancleta y me condujeron hasta la unidad de policías de Camajuaní”.

A Yankiel lo dejaron 24 horas allí para que escarmentara, aunque le hicieran entender que sería encarcelado por tres o cuatro años.

Parece que el nivel y gravedad de las amenazas varía en dependencia de donde ocurran y a quienes se les aplique. Cabría preguntarse si el mismo método tendría efectividad en La Habana en vez de en Rosalía.

Luego de tres citaciones y dos cartas de advertencia, los represores advirtieron sobre la posibilidad de acusar al joven de “peligrosidad social predelictiva” por sus posts en Facebook y demás redes sociales.

“Me quitaron el teléfono diciéndome que estaba bajo un período de investigación y que ellos decidirían si me lo decomisaban o me lo devolvían”.

Funcionarios de ETECSA de la provincia, autorizados ilegalmente a aplicar sanciones a los usuarios de los servicios que ellos brindan, le dijeron que le podían cancelar la línea móvil y todos los servicios y que no le venderían una línea más nunca.

Posiblemente, hayan tratado de hurgar en la vida personal de Yankiel para después chantajearlo y reírse de los memes que debe de haber acumulado en su historial de Internet. La realidad fue que a los cinco días le devolvieron el teléfono, pero no pudo acceder a ninguna de sus cuentas porque le habían cambiado las contraseñas.

El caso de Yankiel Gutiérrez es un ejemplo de cuáles son algunas de las funciones del monopolio ETECSA y su sociedad anónima: cobrar precios exorbitantes y vigilar a quienes pagan sus servicios para luego tener argumentos para amedrentar a quienes se atreven a desobedecer las letras pequeñas que exigen fidelidad al Estado.

Pero en Cuba no hay más opciones. ETECSA es la única empresa que el gobierno permite operar en el territorio nacional. A ella misma hay que seguirle exigiendo que el acceso a Internet no tenga tantas restricciones ni que los precios sean excesivamente caros.

“Mucha gente me ha llamado para desanimarme diciéndome que no resolveré nada, que lo que voy a hacer es buscarme más problemas, que voy a hacer sufrir a mi familia”, dice Yankiel, que habla del miedo que quieren siempre transmitir algunos.

“Estoy agradecido de que personas que no conozco hayan tomado su tiempo y sus palabras para apoyarme y estoy muy agradecido”.

Yankiel seguirá apoyando a los que luchan porque “un día tengamos un cambio real”, pero ahora debe enfrentar las secuelas que ha dejado este incidente en su familia.

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